viernes, 18 de febrero de 2011

NY 2005

Sigo limpiando y organizando mis archivos, ya llevo más de 10.500 imagenes digitales...aqui algunas que conseguí revisando los cds de backup...


Manhattan, Diciembre 2004

Park Slope, Brooklyn, Enero 2005

Park Slope, Brooklyn, Enero 2005

Zona Cero

WFC Manhattan

Enero 2005



Manhattan, Enero 2005

Diego descubre la nieve por la ventana de la casa de su tío Ricardo

Manhattan, 2005


Max y yo (bajo cero) Enero 2005


Cerca de la casa de Isamu Noguchi, Enero 2005


martes, 15 de febrero de 2011

25 peliculas para un sábado en la tarde

Alguien me hizo la pregunta, en medio de esa mala fama de tener una respuesta para todo que me han construido algunos conocidos y otros no tanto, y solté algunos nombres, así,  sin pensarlo mucho. Venía el 14 de febrero y pidieron mi opinión sobre algunas películas que pudiesen asociarse a la fecha, que por cierto, ha cambiado de nombre con el paso de los años, pasando de ser el día de los enamorados a ser el día del amor y la amistad. Asunto de ampliar mercados para el día en cuestión, será, aunque en mi casa nunca ha sido una fecha patria, ni antes, en la casa de mis padres, ni ahora, en mi propia casa.

Confieso que tengo una suerte de club de video en varias cajas plásticas debajo de la cama y, tratando de poner orden entre tanto dvd, están agrupadas según sean musicales, documentales, de acción...hay una de esas cajas en donde abundan las comedias romáticas y otras tantas, que bien pudiesen entrar en la respuesta que me pidieron. Traté de recordar que había en las cajas y hacer una selección.

Esto de las listas nunca me ha gustado mucho, porque siempre que veo una siento que no están todas las que son ni son todas las que están. Cuestion de opiniones y opinions are like asses, everybody have one, lei una vez en un pub de Londres. Pero en este caso, mientras daba mi respuesta, anoté en un papelito unas cuantas películas que ya entre sí hacían una lista interesante y, unos días despues, al ver el papelito dando vueltas por mi escritorio, mientras esperaba que se imprimiera un documento de logística,  me puse a borrar y agregar y quedaron estas 25, que, como no podía ser de otra forma, seguro no son todas las que están, ni están todas las que son. Pero bueno, en cualquier caso sirven para alimentar una buena educación sentimental. Espero que les sea útil, al menos para la octavita del día del amor y la amistad.

Las he ordenado por fechas, para evitarme líos aún mayores.

1. Romeo y Julieta (1968) Zeffirelli trató de ser fiel al texto original y la ambientación, la excelente música de Nino Rota y los actores seleccionados contribuyen en mucho a ello. La vi por primera vez cuando estudiaba en el "santiago", betamax mediante. Imposible no enamorarse de la protagonista.



2. Love Story (1970) Melodramática historia dirigida por Arthur Hiller y protagonizada por Ryan O Neal y Alí MacGraw. No es de mis preferidas, pero debo confesar algo: tengo recuerdos parciales de las dos primeras veces que mis primas Tovar Partidas me llevaron al cine, en el centro de Caracas, por allá a comienzos de los años 70s, tendría yo 4 años o incluso menos; sabía que una de esas dos películas era una cosa llamada "el mono motorizado" porque lo documenté hasta el cansancio en mis dibujos del kindergarden, pero no sabía cual era la otra, solo recordaba una imagen final, algo como una cancha y nieve. Cuando casi 3 décadas despues la vi por televisión, descubrí qué película era aquella que había visto con mis primas y me reencontré con mis origenes cinematográficos.



3.  Annie Hall (1977). Woody Allen en su mejor expresión y Diane Keaton tambien, y por supuesto, Nueva York. Un guión lleno de referencias, inteligencia en letras mayúsculas, ironias y tormentos, en el cual uno no sabe si reirse o enternecerse. Todo un clásico. Sin duda una de las mejores.




4. Manhattan (1979). Woody de nuevo, con otra comedia llena de tormentos inteligentes y complejos, teniendo a Nueva York como decorado. Los finales de los 70s fueron los mejores años para el director niuyorquino y la Srta. Hemingway, que acompaña a la Sra. Keaton y al Sr. Allen, hace de esta película una historia singular. La imagen con el puente entre la niebla es todo un ícono cultural.



5. Un cuarto con vista (1985). En la tradición de James Ivory, con una muy joven Helena Bonham-Carter y una hermosa Florencia como telón de fondo. Historia romántica de luchas contra las barreras morales y  culturales. Muy bella fotografía y cuidados diálogos.



6. Africa mía (1985). Tambien llamada en algunos países Memorias de áfrica, aunque su nombre original es Out of Africa. Hermosa película de Sidney Pollack que narra los encuentros y desencuentros de Meryl Streep y Robert Redford, la lucha por la libertad individual y por encontrar el balance entre lo propio y lo común. Ampliamente premiada en la entrega de los oscar de aquel año.



7. Hannah y sus hermanas (1986) con Woody Allen, Michael Caine, Mía Farrow y Dianne West, entre otros y otras. Una comida del día de acción de gracias da pie para contar historias que se entremezclan con la receta de siempre: guiones inteligentes, dialogos cultos, complejos, muy buenas actuaciones y Nueva York como telón de fondo.



8. Roxanne (1987) Comedia romántica en la que Steve Martin hace las veces de una suerte de Cyrano de Bergerac metido a bombero y enamorado de la muchacha bonita del pueblo, dando pie a que se mezclen las risas, las lágrimas y la ternura. Un plato ligero, pero muy agradable. Muy buena película, poco recordada, en la tradición de la buena comedia romántica norteamericana.



9. Hechizo de luna (1987). Comedia romántica que hizo a Cher merecedora de un oscar por su actuación. La mejor Cher y el mejor Nicolas Cage en una pieza emotiva, muy bien lograda, con un muy buen guión y unas actuaciones excelentes de todo el grupo de los actores secundarios. Redonda. Aún recuendo cuando la ví con Patricia en los cines del CCCT.




10. Cinema Paradiso (1988) La obra maestra de Tornatore, un homenaje al cine, a la Italia de postguerra y a la educación sentimental de quienes crecimos bajo la luz de un proyector. Le pone imagenes a la tan sobada frase que reza que la patria es la juventud. La música de Ennio Morricone es sencillamente inolvidable y la actuación del ya difunto Philippe Noiret es digna de todos los elogios que obtuvo en su tiempo. La secuencia final es de obligatoria lágrima para todo cinéfilo que se precie.




11. Cuando Harry encontró a Sally (1989). Toda una joya de Rob Reiner, muy bien escrita y actuada y, como no, es en Nueva York. La mejor Meg Ryan, la reina del género de la comedia romántica, antes de que el botox se le subiese a la cabeza. Hay química de sobra entre ella y Billy Cristal. Una de mis preferidas.




12. Cyrano de Bergerac (1990) De Jean P. Rappeneau, con un Gerard Depardeau en el tope de su carrera (ese mismo año dió un salto a Estados Unidos, para hacer las américas, cosa que se le dió, al menos en parte, con aquella película llamada Green card / Matrimonio de conveniencia, con la compañia de Andie MacDowell...esa también pudiera estar en esta lista).




13. Ghost (1990) Nunca un fantasma sufrió de tanta envidia como aquel simil del hoy más fantasma que nunca Patrick Swayze que acompañaba a una joven y bellísima Demi Moore en el torno de las cerámicas. Película por demás exitosa de Jerry Zucker, en la que Whoopi Goldberg hace de ella misma, o al menos así se la imagina uno.




14. El lado oscuro del corazón (1992) Muy buena película argentina de Eliseo Subiela, el mismo de hombre mirando al sur, entre otras. Se desarrolla entre Buenos Aires y la muy melancólica Montevideo, con una actuación notable de Darío Grandinetti, que le permitió dar el salto a Europa y trabajar con directores destacados, como el manchego Almodovar. Trata de un poeta callejero, que entre bife de chorizo y bife de chorizo, anda buscando a una mujer que vuele y que le haga volar. Los diálogos son un lujo.



15. Lo que queda del día (1993) Otra de James Ivory, esta vez con Emma Thompson y Anthony Hopkins, ambientada en la Inglaterra de los años previos a la segunda guerra mundial. Trata de la lucha por romper los esquemas que cada uno nos preestablecemos, de vencer los límites que cada uno se pone.



16. Sintonía de Amor (1993) Tambien llamada en algunos países de habla hispana Algo para recordar, aunque su título original fue Sleepless in Seatle. Tom Hanks es un joven viudo al cual su hijo está buscando novia y la candidata ganadora es Meg Ryan, que vive al otro lado del país. Final en el observatorio del Empire Estate, con referencias a otros filmes de la historia holliwodense. La banda sonora es notable y la combinación Hanks-Ryan resultó exitosa siempre (incluso si hablamos del soldado Ryan...). Esta me gusta más que "tienes un email", del mismo equipo, con unos años más.



17. Mientras dormías (1995) Comedia romántica muy subestimada, con Sandra Bullock y Bill Pullman. Ella salva al hermano y la familia cree que es la novia, pero termina enamorándose del otro. La ha visto menos gente de la que debería, adecuada, por demás, para un sábado con cotufas.



18. Los puentes de Madison (1995) Unos soberbios Eastwood y Streep en una de las mejores películas del exvaquero y exdetective, que tiene muchas y muy buenas películas. Hermosa fotografía, hermosos diálogos y gran emotividad. Una joya. Una oda a las oportunidades perdidas y al valor de la cotideaneidad. ¿A quien no se le arruga el alma viendo alejarse aquella vieja camioneta pickup bajo la lluvia?




19. El paciente inglés (1996) hermosa película de Anthony Mighella, premiada en los oscar de aquel año y con buenas actuaciones de Ralph Fiennes y Juliette Binoche.



20. Mejor imposible (1997) con Jack Nicholson y Helen Hunt, en una comedia romántica que nos lleva con la misma facilidad a la risa y a la emotividad. Nicholson hace un papel más que destacable (le dieron el oscar por ello) y  Helen Hunt luce bellísima y creíble. Por cierto, fue filmada entre Park Slope (donde vivía él) y Windsor Terrace (donde vivía ella), en Brooklyn.



21. Shakespeare in Love (1998) hermosa película de John Madden que arrasó en los oscar de aquella fecha, con las actuaciones de Gwyneth Paltrow y Joseph Fiennes, hermosa música y magníficos vestuarios. Una de mis preferidas.



22. Notting Hill (1999) de Roger Mitchell, con Julia Roberts, que actúa de si misma, y Hugh Grant, con Londres como telón de fondo. Simpática comedia romántica muy bien estructurada. Divertida y delicada, cumple con todos los cánones del género. Muy buena banda sonora. Una de mis preferidas, en mi casa se burlan de mi porque la he visto muchas veces. De los mismos de 4 bodas y un funeral, que también tiene méritos para estar en esta lista, y Love Actually, que tiene sus meritos, así como sus descréditos.



23. In the mood for Love (2000) Una joya de Wong Kar Wai, tanto por la estética, la fotografía, los vestuarios y el ritmo de la narración. Hermosa, muy hermosa película, que ha contribuido a que su director sea un creador de culto.



24. Amelie (2001) Exitosísima - con justicia- película de Jean Pierre Jeunet, que disparó la carrera de Audrey Tautou y logró eclipsar en las taquillas de Europa a las películas de Hollywood. Nos reencontró con la comedia francesa y nos dejó con una sonrisa en la cara. Y sí, Audrey Tautou es, en esta película, sencillamente adorable.




25. 2046 (2004) Otra joya de Wong Kar Wai, mi preferida de sus películas, que tiene varias y muy buenas. Muy hermosa película, con una estética y un guión más que notable y una banda sonora singular. Intensidad para regalar, una de las que más me gustan.



Posdata del día siguiente: ya comenzaron a llegar los mensajes, que si esta, que si la otra. Lo dije desde un principio, aunque yo mismo armé esta lista, estoy seguro que no son todas las que están ni están todas las que son. ¿Por qué no está El Graduado? ¿o cuatro bodas y un funeral? ¿o Betty Blue? o bien Brazil, esa magnífica película de Terry Guilliam. O Danza con Lobos, o Terciopelo Azul, o Azul Profundo, o Regreso sin gloria o Todas las mañanas del mundo e inclusoTitanic, que nunca ha terminado de convencerme, por cierto. Afortunadamente, la lista puede ser tan larga como nuestra memoria y tan ancha como la capacidad humana de crear y transmitir. En cualquier caso, bienvenidas las sugerencias.

sábado, 12 de febrero de 2011

El centauro de Venezuela

Es sábado temprano en la mañana, la familia duerme en el piso de arriba del apartamento, mientras en el piso de abajo reina el silencio. La luz se cuela por entre las cortinas de la sala, pero apenas alcanza a la cocina, adonde estoy lavando los platos que quedaron sucios tras la cena del día anterior. A control remoto enciendo el televisor que está ubicado, colgado de la pared, a mi espalda, buscando un poco de compañía. Las voces de tres hombres jóvenes se superponen al ruido de motores de una carrera en algún país del golfo pérsico y llenan la cocina, pero incluso así, de espaldas a ellos, puedo reconocer de inmediato la voz de uno de los comentaristas. Es Johnny Alberto Cecotto.

Cuando corría la mitad de los años 70s Venezuela vivía un momento que se suponía estelar, aunque visto asi, en la distancia, en realidad fue el preludio del fin de una ilusión de modernidad. Presidía la república el recientemente fallecido -e insepulto- Carlos Andrés Pérez y se hablaba por prensa y televisión de la Gran Venezuela, un país moderno y pujante, en vías de desarrollo, que disponía de enorme riqueza, evidente al punto de hacer el derroche y la ostentación el pan nuestro de cada día. Pero allá, por 1975, no había forma de saber que aquella ilusión no duraría para siempre, menos aún cuando uno tiene 8 años de edad, va a la escuela en el Chevrolet Caprice Classic último modelo de mi padre y escucha, casi a diario, a los profesores del Colegio Santiago de León de Caracas decir que Venezuela tiene un enorme futuro y que nosotros, privilegiados estudiantes del "santiago", estábamos predestinados para ser sus líderes. 

En medio de aquella euforia, de aquella fiesta nacional alimentada por el rápido crecimiento de los precios del petróleo, hacían falta héroes que encarnaran aquel sueño de liderazgo planetario, que evidenciaran el éxito del país. Teniamos un presidente que era un líder regional y  recuerdo que los profesores nos hablaban de Jesús Soto y Carlos Cruz Diez como figuras punteras de las artes plásticas mundiales, pero aquel año de 1975 nosotros, los que teniamos 8, y muchos otros más, veíamos a esa Venezuela triunfante que todo lo podía  asociada al nombre de un caraqueño hijo de italianos, entonces de solo 19 años: Johnny Alberto Cecotto.

Hijo de un expiloto de carreras de motos, Cecotto comenzó a correr a muy temprana edad, ganando el campeonato nacional de Venezuela con solo 16 años, de la mano de Andrea Ippolito, italiano emigrado a Venezuela en 1954, importador de motos Yamaha desde 1964 y patrón del equipo local Venemotos. Repitió sus triunfos locales los años siguientes y antes de cumplir la mayoría de edad ya corría en campeonatos latinoamericanos. Con 18 años, partiendo del último lugar y con una moto estándar modificada por Ferruccio Dalle Fusine, otro amante de las motos emigrado de la Italia de postguerra a Venezuela, llegó segundo en las 200 millas de Daytona, lo que le abrió la puertas para participar en los campeonatos del mundo de 1975. Debutó ganando el Gran Premio de Francia en 250 y 350 cc, venciendo con una Yamaha privada del equipo Venemotos a las Yamahas oficiales, lideradas por una leyenda llamada Giacomo Agostini. Al final de aquel año de 1975 se coronó el campeón mundial de motos más joven de la historia, en 350 cc, y subcampeón en la del cuarto de litro.

Circuito P Ricard, Francia 1975


El recibimiento en Maiquetía fue algo de lo que aún se comenta, incluso se dice que aquel muchacho de pelo largo ensortijado se desmayó de la emoción al ver aquel recibimiento. El tumulto en el aeropuerto y en la autopista hacia Caracas fue de marca mayor, con un país que se volcó a las calles a recibirlo como si hubiese llegado de la luna. Hubo fiesta en el manicomio, los motorizados de Caracas tenían un campeón del mundo. En los años siguientes, aquel muchacho flaco, de mirada picara y cabello largo que corria con un casco blanco con 2 rayas rojas nos ofreció a los venezolanos los cigarrillos Astor baby blue, los pantalones Lois, las motos Yamaha, las tarjetas de crédito y las cuentas del Banco Unión. Estaba en todas partes, en cuadernos, rompecabezas, juegos de mesa, afiches, cartucheras escolares, incluso cuando los éxitos se entremezclaron con frecuentes accidentes y fuertes lesiones. Era frecuente verlo en fotos con lentes de sol y rodeado de hermosas mujeres. Volvió a ser campeón del mundo en 1978. La gente, para describir a alguien que andase muy apurado, no importaba si a pié, en auto o en moto, decía de inmediato "carajo, andas como Cecotto..."

Su ejemplo hizo ver a otros que era posible. Aldo Nannini, un muchacho andino hijo de italianos, ganó el campeonato latinoamericano y se sumó, en 1977, a Cecotto en el equipo Venemotos, llegando 2do. en el Gran Premio de Inglaterra de aquel año. Ivan Palazzese, otro descendiente de italianos, fue -con 15 años- el más joven piloto de la historia en alcanzar el podio en una carrera válida para los campeonatos del mundo de aquel mismo año 1977. Carlos Lavado Jones, hizo lo propio en 1978 y consiguió ser campeón del mundo en dos oportunidades, en los años 80s, pero nunca causó el impacto de aquellos primeros triunfos de Cecotto, que hacían que la gente se despertara de madrugada para escuchar por la radio las transmisiones de las carreras que, mayormente, ocurrian en Europa , o que se desplazaran masivamente a San Carlos, Estado Cojedes, a ver carreras de motos en un ambiente de 40 grados centígrados en el circuito internacional promovido por Andrea Ippolito.

Sin embargo, incluso en medio de toda aquella locura, había algo contrastante. Cecotto tenía una voz pausada, un trato sencillo y cortés, era una persona educada en su trato y humilde en su actitud. Personas que le conocieron personalmente en aquellos años y que trabajaron conmigo en la revista Actualidad Automotriz en los años 80s me lo han confirmado. No es solo una impresión.


En Italia, 1975

A comienzos de los 80s dejó las motos y se pasó a los autos, siendo subcampeón de la Fórmula 2 y el primer piloto venezolano en la Fórmula 1, de la que debió retirarse prontamente a raiz de un fuerte accidente que le destrozó las piernas en las prácticas del Gran Premio de Inglaterra de 1984. Volvería en los años siguientes, luego de cirugías y rehabilitaciones, a las carreras de autos de turismo, ganando varios campeonatos en Alemania e Italia hasta bien entrados los años 90s. Su hijo, nacido en Alemania, corre desde el año pasado en la categoría GP2 bajo la bandera venezolana.



Vive en Europa desde hace años, pero es frecuente verlo en Venezuela, donde aún viven sus padres. Para quienes escuchamos por radio sus carreras, tiene un aura dificil de explicar. Es un pedazo viviente de esa Gran Venezuela que nunca fue. Si me preguntan a mi, pondría su imagen en los billetes que hace la Casa de la Moneda en Maracay, con unos blue jean Lois, una caja de Astor azul en la mano y una rubia sonriente a su lado. Como diría uno de los motorizados que le acompañó desde Maiquetía hasta Caracas en aquel día de 1975, eso sí sería estar en los papeles.