martes, 21 de septiembre de 2010

Al maestro con cariño: seis grados de separación entre Cartier Bresson y Susana Benko

Es viernes, son las 6 y media de la tarde y a esta hora queda muy poca gente en la oficina. Escucho sonidos de llaves, puertas que se cierran, pisadas por los pasillos. Afuera está lloviendo. Hace media hora que todo está oscuro y  como una hora que no suena el teléfono.

Henry Cartier Bresson
Comencé a escribir estas líneas pensando en hacer una nota sobre Henry Cartier Bresson, el fotógrafo frances cuya obra ha sido asociada durante décadas con el título de la edición americana de uno de sus libros: el momento decisivo. Pensaba escribir sobre la exposición que tuve la oportunidad de ver el pasado mes de junio en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el amplio (y, por cierto, poco atractivo en términos de diseño) catálogo que la acompañaba. Queria hablarles de las imagenes alli presentes, y de como conocí parte de ese trabajo en los años 80s, a través de una exposición organizada en el Museo de Bellas Artes de Caracas.



Comencé a escribir y la exposición del Museo de Bellas Artes me llevó rápidamente al catálogo de la misma, el cual apareció hace poco en mi casa, donde, luego de 3 años de haberme mudado, todavía estoy abriendo el remanente de las 300 cajas que formaban la mudanza, mientras trato de encontrar un lugar a tanto libro o revista. Y el catálogo me llevó directamente a la curadora de la exposición.


Entrada al Colegio Santiago de León de Caracas

Susana Benko fue mi profesora de literatura en el 4to año de secundaria en el Colegio Santiago de León de Caracas. Por muchas circunstancias que no vienen al caso, a mi generación en el Colegio, en el cual estudié la educación primaria y la secundaria hasta graduarme de bachiller en 1984, le correspondieron algunos de los últimos años del ejercicio laboral de algunos de los profesores y profesoras que había trabajado allí durante décadas. Algunos de los compañeros de clases, siguiendo una tradición no escrita en "el santiago", que es como se le llamaba y se le sigue llamando a este colegio caraqueño, eran hijos de exalumnos, y al comienzo del año escolar tenían un reporte hecho por sus padres de lo que nos esperaba con algunos de nuestros profesores. Ese no era el caso de Susana.


Benjamín Armas Camero y Berta Salazar

Hace muchos años, décadas inclusive, que no pronuncio los nombres de esos profesores y profesoras, aunque de vez en cuando, por una o por otra razón, los recuerdo. Nunca he tenido buena memoria con los nombres y los números, a veces me cuesta incluso recordar mi propio numero de teléfono; pero siempre he sido bueno con las imagenes, puedo recordarlas con facilidad y con mucho detalle. Estoy tratando de escoger algunas fotos de Cartier Bresson, pero tratándose de él, las que me gustan siempre serán más de las que pueda publicar aqui, además, en la exposición del MoMA pude ver algunas que nunca había visto, por lo que el panorama incluso se ha ampliado, haciendo más difícil la selección. Sin embargo, cuando cierro los ojos frente a la computadora, tratando de recordar cuáles de las expuestas en NY estaban tambien en la exposición del MBA de Caracas, no dejo de mirar los pasillos de piso de granito del Santiago y puedo ver claramente al profesor Luis Toro, chaqueta marron claro a cuadros, parado en la puerta del laboratorio de biología. Pasan los minutos, mientras suenan las cornetas de los carros abajo en la calle, y puedo ver al profesor Benjamin Armas Camero, corpulento, traje gris-camisa blanca-corbata angosta a rayas en el salón adyacente al auditorio del colegio, llenando de números un pizarron de color verde. Ha dejado de llover en Caracas, han apagado el aire acondicionado del edificio, se siente adentro de la oficina el calor húmedo de la calle y pienso en Cándido Millán, siempre con un gesto bondadoso, en los salones del edificio de la biblioteca, enseñándonos historia del arte o dibujo técnico; en Rafael Emilio Guillen sonriente, dando las clases de Geografía; en el profesor Pernalete, pantalón gris-chaqueta azul, tratando de enseñarnos algo de historia; en Bertha Salazar riéndose de nosotros mientras tratamos de pronunciar el inglés; en el profesor Echezuría, cara seria, traje gris oscuro, camisa blanca y corbata negra; en la actitud maternal de Clemencia Clemente, que puso su nombre a nuestra promoción en calidad de madrina de graduación...

Profesor Candido Millán
En medio de aquel staff de profesores de la vieja guardia santiaguera (aunque algunos de ellos muy modernos en sus métodos y/o conocimientos), Susana Benko llegó a darnos clases de literatura a mediados del año escolar, porque el profesor inicialmente designado para el cargo, Rodolfo Porro, había abandonado su curso debido a que lo nombraron director del fondo nacional del cine o algo parecido. Con algunos contactos del profesor Porro habiamos creado meses antes el enésimo cineclub del colegio, que presentaba en el auditorio lo que nadie quería ver, con un viejo proyector verde de 16 mm, pero la verdad no recuerdo sus clases como nada memorable. Eran finales de 1982 o comienzos de 1983, teniamos 15 años. Con esos profesores de largos años de magisterio y amplia experiencia en esas mismas aulas solíamos mantener una relación en principio distante, enmarcada en el respeto, que se iba suavizando con el paso de las clases y el descubrimiento del caracter jovial de algunos de ellos, que se escondía tras la seriedad aparente. Con Susana fue diferente desde el principio: debía tener unos veintipocos, el cabello castaño y usaba ocasionalmente una boina roja. Alguien nos dijo que era exalumna del colegio. Era en cierta forma - aunque ella se esforzaba por imponer cierta distancia y respeto- una más de nosotros y sin que ella supiese - al menos eso creo yo - al poco tiempo se había conformado un grupo conocido como el "club de fans de Susana Benko" que sumaba entre sus filas a no menos de 5 o 6 miembros, incluso recuerdo a alguno que no era su alumno. Más de una vez mientras Pierre, Víctor y yo esperábamos la hora de la película de la Cinemateca Nacional, sentados en la puerta de la Galeria de Arte Nacional, la vimos salir del vecino Museo de Bellas Artes, donde trabajaba por aquel entonces.


Han pasado los años y lamentablemente cuando se de alguno de esos profesores, comunmente son malas nuevas. Antes de su muerte, supimos de la enfermedad de Cándido y participamos cuando su familia solicitó colaboración para sufragar los gastos médicos, con gusto pero no sin cierta amargura que deja el pensar que una persona talentosa como él, luego de tantos años de trabajo, necesitase de la colaboración para atender necesidades tan básicas como un tratamiento médico. El año pasado supimos de la muerte de Berta y este año de la de Benjamín. A Susana la veo de vez en cuando - la última, desde lo lejos, en una exposición de fotografías de los hermanos Gasparini, en Las Mercedes - en alguna visita a alguna galería de arte o a algún museo, aunque para ser sinceros, esa es una costumbre que hemos perdido por completo, la de reservar el domingo en la mañana para recorrer los museos de Caracas. Quizas porque las responsabilidades y los ritmos son otros. Quizas porque sentimos que esos museos poco nos recuerdan lo que fueron. Quizas porque las últimas veces que fuimos nos sentimos tan solos y tan tristes en aquellas salas, que lo que provocaba era salir corriendo directo al aeropuerto de Maiquetía y montarse con lo puesto en el primer avión que saliese para cualquier parte. Pero ese es otro tema, de cual podemos hablar otro día.

7 comentarios:

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  2. con gusto te seguiremos desde aqui, de dejes de mandar el link...un abrazo desde caracas hasta kansas para toda la familia

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  3. Gonzalo!!! Buscando información sobre Cartie-Bresson -una vez más- me encuentro con tu texto que me tiene conmovida!!! Dios, ¿por qué no lo encontré antes? Gracias por tus bellas palabras y por dedicarme esos recuerdos. Disfruté mucho mis años en "el Santiago". Los disfruté como alumna y luego como profesora de Literatura. Sin duda. Qué bueno seguir viéndote en las rondas de los domingos.
    Un abrazo, Susana

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  4. Gonzalo

    Llegué por pura casualidad aquí, y me quedé en una pieza. Al principio comencé a leer el texto para ver de qué se trataba y de pronto me di de frente con la foto de Bertha y del prof. Armas Camero. Fue como si me topara de frente con un agujero negro que amalgamó en un segundo tiempo y espacio para llevarme a esa última habitación donde uno guarda los recuerdos más olvidados, los que nunca usas y verme de nuevo en el Colegio, frente a todos ellos, a su mirada escrutadora, a su infinita paciencia, a su vocación de entrega y aobretodo a esa disciplina y respeto que uno guardaba con ellos. Hoy cuando leo esto, no puedo evitar pensar en ellos de nuevo, en lo que trataron de darnos, en lo que nos dejó cada uno de esos rostros, unos amables, otros no tanto, pero todos decididos a que la educación se fijase como un clavo en nuestra cabeza.Ojalá hoy día pudiese agradecérselo, a todos y cada uno de esa misma vieja guardia que el tiempo encerró en esa vieja habitación. No solo a los que nombraste, Bertha, Armas, el prof. Echezuría, Pernalete, Toro,Guillén, sino al profesor Vivas (El Gocho) y su correcto español, a Matilde Croquer quien me cambió por completo la concepción de lo que es la historia, convirtiéndola en un placer, a la Profesora de Física (cuyo nombre me apena mucho no recordar)a Cándido Millán, a quien conocí después como artista, a la Sra. Cora y al Sr. Conrado en la cantina, gente decente, honesta que nos dio un ejemplo de respeto, que no supimos administrar con sabiduría. De otro modo tendríamos un país distinto.

    Saludos y gracias por abrir de nuevo esa habitación

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  5. Discúlpame, se me olvidó firmar, soy Fabián Capecchi

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    1. Fabian Gusto de saber de ti lo que dices es totalmente cierto, la lista de nombrados no es exhaustiva y hay muchas personas con las que convivimos durante años en el Santiago a la que le debemos mucho de lo que somos cada uno de nosotros. Yo, que además tengo casi 20 años casado con otra graduada del Santiago te podras imaginar...en mi casa no es raro oir todavía en estas fechas comentarios como "este cachito si está bueno, me recuerda los de conrado..." un abrazo desde Lima, adonde estoy viviendo ahora. Bienvenido al blog...

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